domingo, noviembre 2

Cartas a mi familia española sobre Catalunya

Algunos dicen que las familias se han roto por culpa del "proceso". Las rajas de la mía siempre han estado allí y no tienen nada que ver con todo esto. Al menos, las de mi familia catalana. La española es diferente. No es que ahora no podamos hablar del "tema", es que nunca hemos podido. Por eso voy a aprovechar este blog abandonado para escribirles lo que no les puedo contar de palabra.

Y no es para convencerles de que cambien de opinión, ni mucho menos. En las películas de serie B más de un acusado es absuelto gracias a eso de la “duda razonable”. Pues bien, no pretendo más que eso. Que tengan una duda razonable y que esa duda les haga leer o escuchar las noticias que van a ir apareciendo en los próximos meses con otros ojos. Más incrédulos y por eso más objetivos. Y que cuando tengan esas “dudas razonables” se interesen por conocer las dos versiones. Porque va a ser duro, muy duro. Si ahora que todavía no se ha producido el choque de trenes nos han tachado a los catalanes de asquerosos, ladrones, chorizos, insolidarios, gilipollas, subnormales y de gente que se deja engañar como bobos por sus políticos, ¿cómo será más adelante?


Y que conste que sólo he listado insultos que me han dedicado directamente españoles que son amigos míos. Buena gente, como mi familia. Curiosamente todo ellos viven fuera de Catalunya. Con los que piensan diferente pero viven aquí, en realidad nos hacemos unas risas. Con mi padrino de boda, Oscar, con el juez que me casó, Pablo, con el futuro padrino de mi hijo, Carlos. Sólo eso ya daría que pensar. La realidad no es la misma vista con ojos de aquí que con ojos de allá. Y lo que marca la diferencia no es la ideología sino la cercanía. Duda razonable. A eso me refería.

Pero volviendo a los insultos, ésos no eran todos, faltaba la guinda. La comparativa con los nazis. En 1951 el filósofo alemán Strauss acuñó el concepto “Reductio ad Hitlerum”, para referirse al fenómeno de que, en una discusión, cuando alguien llega a tildar al adversario de “nazi” significa que se ha quedado sin argumentos al considerarse la ofensa máxima que alguien puede proferir. Otro día colgaré un post con una lista tan larga de los ya han comparado a los catalanes con los nazis que, si a estas alturas ya hemos recibido múltiples veces el “insulto último”, no puedo ni llegar a imaginarme lo que vendrá después. Pero de momento, sólo un ejemplo muy ilustrativo: mi mujer, medio canaria medio ciudadana del mundo, creía que "nacionalismo" en catalán se escribía con Z. Tantas veces había visto la palabra "nazionalismo" que lo asumía con total normalidad...

Aunque, sinceramente, a estas alturas lo que menos me preocupa son los insultos que tengamos que oírnos nosotros. Lo que de veras me dolería es que fuera mi familia española la que se sintiera ofendida porque estos insultos no vendrán solos. Vendrán acompañados de muchas mentiras. Les contarán que odiamos a los españoles, que perseguimos al castellano, que marginamos a los que no son independentistas… Y eso les puede doler. Les va a doler. Y sufrirán. Por su hija y por su nieta. Y es una pena porque se preocuparán por algo que es rotundamente falso. Por eso voy a escribir lo que no les puedo contar. Por eso voy a hablarles de Catalunya y de los catalanes. Y por eso voy a hablar de la independencia.

Y lo voy a hacer desde tres perspectivas diferentes, cada una de ellas dando respuesta a una pregunta muy concreta:


2)    ¿Por qué una gran parte de los catalanes apoya el proceso de la independencia?

3)    ¿Cómo le iría a Catalunya si realmente se independizara?


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